Publicado el 30-01-2008 por Oliver
Por fin llegamos al tercer piso, donde se atienden los partos en el Hospital Mercy aquí en Chicago; llenamos el registro y nos pasaron a un cuarto. Conectaron a Karla a los monitores y pronto llego una partera, así es, aquí en Estados Unidos se acostumbra que las parteras (midwives) atiendan los partos cuando estos no tienen complicaciones, que son enfermeras con estudios especiales para poder atender partos.
La partera nos dio un trato excelente, su nombre era Mercedes, hablaba español y nos pudimos relacionar muy bien con ella. Nos apoyo mucho mas de lo que nosotros esperábamos en el parto, le dio masajes con aceites especiales a Karla, le ayudaba con ejercicios, la metió a bañar para ayudarla a dilatar, y muchas cosas que ya casi no se ven cuando se trata con doctores o enfermeras que muchas veces nos ven como pacientes y no como personas.
Parecía que el parto iba a ser algo rápido ya que cuando llegamos Karla ya tenia 5cm de dilatación y a la hora ya había llegado a 8cm (la meta es llegar a 10cm para iniciar el parto). En esos últimos 2cm fue donde nos atoramos un poco pero como todo al final cedieron y el parto comenzó.
Yo le tomaba una pierna a Karla, la empujaba y seguía las instrucciones de la partera de decirle “empuja, empuja”, “otro mas amor”, “una mas y ya”. Desde luego que aunque uno no quiera el solo hecho de estar ahí viviendo esa experiencia tan hermosa te obliga a que tu también tengas que pujar y terminas exhausto; desde luego que no hay comparación con el dolor que siente una mujer al traer al hijo, es algo impresionante, no se como lo pueden aguantar.
Karla decidió que no le pusieran ningún tipo de anestesia porque quiso un parto completamente natural así que pude ver el dolor en su cara con cada pujido que daba. En realidad que la admiro por la valentía de su acto. Fue algo tan increíble y hermoso que solo me queda darle gracias a Dios por hacerme participe de esto.
Cuando vimos que la cabeza del niño ya venia, fue un momento muy impresionante. Cuando la cabeza iba a salir era todavia mas el dolor que podía ver mi esposa sentía, pero también eran mas las ganas que los dos sentíamos de conocer a nuestro hijo. En el momento en que Leonardo salio al mundo fue algo tan hermoooso, cuando lo vi por primera vez en carne y hueso sentía cosas que las palabras no me dejan expresar aquí. Yo pensaba que el sentimiento de euforia as grande que había tenido había sido cuando me aventé de un paracaídas en un avión; pero esto completamente arrebaso esa experiencia y por muchísimo.
Lo único que pude hacer cuando vi a Leonardo fue abrazar a mi esposa, ponerme a llorar como Magdalena y decirle: “GRACIAS!! TE AMO!!”. Yo siempre he dicho que los niños siempre nacen feos y se componen a los tres meses pero les juro que mi hijo nació tan bonito que no podía yo creerlo. Algo increíble de guapo.
Bueno les dejo algunas fotos de nuestra historia para terminar la anécdota y para todos aquellos papas y mamas que estén leyendo esto, ya no tengan miedo a aventarse de un avión, se siente 100 veces menos adrenalina que cuando vieron / sintieron el parto de sus hijos…
